Frustración y desconcierto se percibe entre polacos nacidos en la década de los cuarenta y cincuenta, frente a la muerte del presidente Kaczynski hace un poco más de dos meses. En un extraño accidente aéreo perecieron 92 personas, entre ellas el Presidente, que terminaría su mandato en este año y que buscaba su reelección en la jornada electoral que debía realizarse en octubre próximo. También viajaban miembros del gabinete, políticos, la cúpula militar, el presidente del Banco Central, parlamentarios y familiares de algunas víctimas de Katyn.
Viajaban a conmemorar el septuagésimo aniversario de la masacre del Bosque de Katyn donde, por órdenes de Stalin, el ejército había asesinado y enterrado, en 1940, más de veinte mil polacos, muchos de ellos judíos y pertenecientes a la oficialidad polaca, y otros miembros las nuevas élites militares y civiles del país. Entre ellos también había un buen número de intelectuales y profesionales jóvenes, prisioneros de guerra luego de la invasión de la Unión Soviética a Polonia en 1939.
La versión oficial del accidente de abril pasado acusa a los pilotos quienes, aparentemente, desatendieron los llamados de la torre de control de no aterrizar porque las condiciones meteorológicas eran desfavorables. En la calle, las versiones son diferentes. Los noticieros de TV informan sobre las grabaciones de las cajas negras y presentan analistas de diferentes disciplinas y orientaciones políticas que dejan interrogantes en el aire. Otros consideran extraño que el Primer Ministro Tusk, enemigo político del Presidente, se hubiera reunido con Putin un poco antes del trágico viaje. Se preguntan por qué el Primer Ministro no viajaba con los miembros del gabinete que abordaron el avión para asistir a la ceremonia oficial de conmemoración.
De los siete candidatos a las elecciones de octubre, los dos más opcionados eran el presidente Kaczynski, como candidato del partido conservador Derecho y Justicia, y el ex ministro de Defensa, Szmajdzninsk, de la Alianza de la Izquierda Democrática. Ambos murieron. Luego del accididente, asumió el poder Komorowski, jefe del Parlamento, y también candidato a las elecciones por el partido del Primer Ministro Tusk.
La muerte del presidente forzó a adelantar las elecciones y, el mismo día que Colombia elegía a Santos, los polacos también se acercaban a las urnas. Como ninguno de los candidatos superó el 50% reglamentario, el país se irá a una segunda vuelta entre Komorowski (41%) y Kaczynski (36%), el hermano gemelo del presidente muerto. Si gana el primero, que es el favorito, seguramente habrá un cambio político fuerte en Polonia: Komorowski es pro Rusia y europeísta. Kaszynski se prevé como ultraconservador, nacionalista, euroescéptico y anti ruso. Ambos son católicos, practicantes, y defensores de los valores tradicionales. El primero promueve la adopción pronta del euro; Kaszynski cree que esta debe esperar hasta cuando se fortalezca su relación con la comunidad europea. Mientras tanto, los interrogantes de los polacos no tienen respuestas claras aún. Una vez más, Katyn se convierte en un símbolo de la tragedia polaca de la que el país no acaba de salir.
La historia de Katyn se llevó al cine en el 2007 y fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Su director, Andrzej Wajda es hijo de un oficial polaco, que murió víctima de esta masacre.