domingo, 18 de octubre de 2009

Muy complicado

La decisión de El tiempo de echar a una columnista por afirmar que el periódico sesgaba la información según sus intereses no fue buena, pero así es El Tiempo y ese es un comentario generalizado: Se dice que El Tiempo es gobiernista; que va al vaivén de lo que más le convenga a sus intereses, y más ahora con la participación que tiene en el gobierno Uribe y con los nuevos propietarios que, seguro, han traído una línea periodística diferente. Pero, por otro lado, si a uno no le gusta la política de un periódico, pues tiene la opción de no leerlo y de no escribir en él. Existen otras alternativas.
Una alternativa posible, como algunos asumimos, fue la de no volver a comprar El Tiempo. Nos pasamos a El Espectador. Es analítico, tiene muy buenos columnistas y su lectura constituye un plan dominguero delicioso. Y, sí. Leemos algunos columnistas de El Tiempo porque el internet ahora nos permite aprovechar más el tiempo y seleccionar las columnas que nos gustan.
En este caso, que ha movido al país esta semana, no le fue bien al Periódico con ese despido. Un diario en un país democrático debe darle entrada a opiniones de diversas corrientes y tendencias. Es una manera de alimentar al lector con diferentes puntos de vista que le apoyen para que se forme una opinión. A la periodista sí fue bien porque la opinión general del país estuvo a su favor. Me imagino que habrá tenido muchas muestras de solidaridad y, seguramente, ofrecimientos para que escriba en otros periódicos. Además, comienza la semana muy cotizada. Buena suerte para ella.

domingo, 4 de octubre de 2009

Mercedes Sosa

Duele la muerte de Mercedes Sosa aunque, claro, nos queda su música, para seguir cantando y recordando muchas cosas de esta cantante latinoamericana, especialmente por su coherencia y su compromiso político con Argentina y América entera. Con su música, le dio un giro al folclor argentino; mantuvo vigente la obra de poetas como Pablo Neruda, Violeta Parra y Víctor Jara, a pesar de la represión chilena que vivían. Cantó y cantó toda su vida con toda la fuerza de su voz: le cantó a América y al mundo. "Por qué me duele si me quedo, /pero me muero si me voy", le cantaba a Argentina cuando tuvo que dejar su país.

Libros prohibidos

El Índice de libros prohibidos de la Iglesia, que durante siglos censuró en parte o en su totalidad las obras de autores como Descartes, Galileo, Copérnico, Flaubert, Zola, Sartre, Gide y muchos otros científicos y pensadores, supuestamente desapareció en 1966, como lista oficial y amenaza de excomunión para quienes los leyeran. Sin embargo, parece que esto no es del todo cierto y, aunque ya no se queman libros en las plazas públicas, existen formas más sutiles de obstaculizar la lectura de ciertos libros, especialmente por presiones a los sistemas educativos de algunos países.
Hoy, por ejemplo, se han prohibido El Guardián entre el centeno de Salinger, muy polémico, lo mismo que su autor; Huck Finn de Mark Twain; De ratones y hombres de Steinbeck, Harry Potter de J.K. Rowling, Cometas en el cielo, by Khaled Hosseini. Es larga la lista de libros y revistas, que se puede consultar en Internet, prohibidos supuestamente por inmorales, por usar un lenguaje crudo, porque hablan de violencia o racismo, porque se ocupan de los homosexuales o porque abordan ideas que no les gustan, por ejemplo, a padres o abuelos, quienes demandan y obligan a las instituciones a tomar medidas contra su lectura. Así, un libro que, supuestamente, tiene un contenido que puede resultar controversial para algunos, se eliminia de las listas de lecturas de las clases de colegios y universidades y se les deja dormir en las bibliotecas y hundir en el olvido.
Frente a esta tendencia, en Norteamérica, por ejemplo, desde 1982, la última semana de septiembre se conmemora la Semana de la libertad para leer. Así como en épocas pasadas los bibliotecarios eran los indicados para mutilar los libros por su contenido supuestamente contrario a la religión, hoy, son ellos, junto con los maestros y libreros, quienes protegen los libros y buscan asegurar la libertad para leer. De hecho, se estimula a que, durante la semana que acaba de pasar, las universidades y colegios divulguen en internet las actividades que elijan desarrollar para la promoción de la libertad de leer.
En Canadá, por ejemplo, algunas universidades publican la lista de libros prohibidos con la recomendación de que si alguien tiene uno de ellos, le ponga una marca que lo identifique, una especie de ex libris, y lo deje en un lugar público para que alguien lo recoja y lo lea. Y, a la persona que ha encontrado un libro prohibido se le sugiere que, luego de leerlo, ingrese a uno de los blogs abiertos sobre el tema y cuente su experiencia con el libro. Luego, a su vez debe dejarlo en otro lugar público para que alguien más lo recoja y lo lea, en una cadena que se espera que no se interrumpa.
La Oficina de la Libertad Intelectual de los Estados Unidos y la Fundación de defensa de los libros prohibidos organiza lecturas en voz alta y sesiones de información sobre los libros. Hay una página en Internet, por ejemplo, donde la gente se inscribe, registra el nombre del libro que necesita y quien lo tenga lo envía por correo. Como es un movimiento mundial, se busca que se multiplique el número de ciudades que promueven el intercambio de libros. En la medida en que los libros digitales se hagan más populares, este va a ser un sistema importante de colaboración y difusión de conocimiento.
En respuesta a las presiones que reciben el sistema educativo, los artistas, los medios, Internet, estas organizaciones insisten en su lucha por promover la capacidad para que la gente, especialmente los jóvenes, desarrollen criterios para decidir por sí mismos, qué leer, en qué creer y cómo ejercer su derecho a escoger y a crecer socialmente.