domingo, 7 de diciembre de 2014

Una buena rumba

Cuando uno llega al sexto piso pasan muchas cosas. Una de ellas es la de comenzar a ver la vida con una cierta distancia, como quien mira una película que pasa, pasa y sigue pasando frente a nuestros ojos. Comienza uno a centrarse en recordar y en retener lo vivido, aunque dándole la bienvenida a los cambios, porque seguimos vigentes y partícipes de los cambios. Es así como se centra uno más en los amigos y las actividades que uno disfrutó. En este caso, la música. La rumba de anoche fue especial: éramos una doce personas, todos viejos amigos que nos juntamos alrededor de un trío de música tradicional. Muy pronto comenzaron a surgir los voluntarios que también querían participar y los gallos tapaos, es decir, quienes, más modestos, se ocupaban solo de escuchar. En dos horas, todos cantábamos y participábamos. Trago, comida y buena música fueron los ingredientes de una rumba, que hoy puede parecer como perteneciente al pasado. Sin embargo, fue una ocasión para ver amigos, cantar, beber y comer hasta las dos de la mañana.