domingo, 14 de noviembre de 2010

Calidad en la educación

Se lanzó la nueva política educativa del país, con uno de sus énfasis en la calidad. Sobre el tema se ha hablado desde hace ya muchos años y períodos presidenciales. Todos estamos de acuerdo en la necesidad de apuntarle a la calidad; en la importancia de iniciar la propuesta educativa desde la primera infancia, para intentar construir un mejor país cuando esos niños sean adultos, es decir, en casi treinta años; de mejorar cobertura, atender las técnicas y tecnológicas, ampliar las oportunidades de acceso a la educación superior, entre otras estrategias.

Lo que no hemos definido bien es cómo lograr más calidad en el sistema. Por muchos esfuerzos de todo tipo que se hagan, por ejemplo con inversión en equipo, recursos, instalaciones, la calidad se concreta en la relación docente-alumno en un aula de clase: una relación liderada por un docente abierto, seguro, preparado en su disciplina y con calidades personales que propicien que su enseñanza entusiasme a los estudiantes hacia el aprendizaje. Esta misma relación debe hoy ocurrir en los escenarios virtuales, recomendada especialmente para alumnos mayores, autónomos y responsables.

Se habla de que el Sena será el encargado de formar a esos docentes. Pero, ¿cuáles son los puntos de partida de esa formación? ¿Cuál es la propuesta que el Sena presenta al país para formar “mejores seres humanos, ciudadanos con valores éticos, respetuosos de lo público…” como se lee en la política educativa del Gobierno Santos? Cómo lo va a hacer?

El Sena ha hecho una tarea importante en llevar educación a millones de colombianos en formato digital. Los materiales son buenos, los cursos son ágiles, las fechas se cumplen. Sin embargo, precisamente, ha fallado en la formación de sus docentes para atender el público virtual. La modalidad de enseñanza virtual requiere de docentes muy visibles en el ambiente virtual para atender los requerimientos de los estudiantes. Y, en este aspecto, no siempre los instructores del Sena han fallado en el acompañamiento al aprendiz.

domingo, 10 de octubre de 2010

Ágiles, débiles, fuertes

Ha sido muy interesante seguir la odisea chilena y de las familias frente a las medidas que se han tomado para el rescate de los 33 mineros. El tema ha movilizado al mundo con una noticia que, si bien es dramática, está llena de vida y esperanza y el problema se ha manejado de una manera bien interesante para el país o, por lo menos, así lo vemos desde afuera.

Muy pronto surgió un líder natural, Ursúa, quien los organizó y distribuyó las tareas entre el grupo. Asesorados por la Nasa, los mineros han seguido órdenes de prevención y supervivencia y han aprendido de la experiencia desde muchos puntos de vista. Han estado bien atendidos en lo físico y en lo espiritual y psicológico; han podido reflexionar sobre sus vidas y, seguramente, cuando vuelvan a la superficie, van a ser personas nuevas, con una segunda oportunidad sobre la tierra. Pero, sobre todo, han estado ocupados y se han sentido útiles.

Las dificultades dentro de las familias no nos las muestran los medios de comunicación pero parece que se han descubierto muchas facetas ocultas de los mineros y sus familias, que van a ser bien interesantes de conocer, cuando pase un tiempo y ellos regresen a sus vidas normales.

Mientras tanto, todo está calculado para que el miércoles comience el rescate: la comunicación ha sido permanente con el exterior y continuará así durante el rescate, para disminuir el estrés de los mineros: Ellos están equipados con máscaras, cascos con audífonos y micrófonos. Y, el mundo sigue pendiente.

Chile también ha salido muy bien librado frente a la opinión mundial; se ha visibilizado. El Presidente se dio la pela para estar allí los dos días del rescate. Seguramente, así como los países víctimas de la narcoviolencia y narcoterrorismo, como Colombia, se convierten en asesores para otros países que apenas comienzan a vivir los horrores de la guerra, seguro que Chile va a ser el nuevo asesor mundial en emergencias mineras. Sobre el futuro de la mina, nada sabemos todavía.

sábado, 9 de octubre de 2010

Vargas Llosa

Hablar de que el Nobel le llega tarde a Vargas Llosa, o que se presumía que ya no le llegaba, o que la familia ya no tendrán que contestar la pregunta sobre cuando se lo van a otorgar no vale la pena y nunca la ha valido. Las cosas llegan cuando llegan. Y, con una organización tan fuerte, como puede ser la sueca, no vale la pena ni siquiera intentar averiguarlo.
No fue fácil haber comenzado a leer a Vargas Llosa en los ’80 con La Casa verde pues es una de sus novelas difíciles. Luego siguieron otras, también complicadas pero el autor ha manejado tan bien su técnica literaria que puede fluctuar entre lo muy difícil, para un lector atento y especializado, y la agradable novela que entretiene como la de la niña triste. Creo que los diferentes públicos lectores han encontrado en Vargas Llosa la novela que se ajuste a sus gustos e intereses literarios. Esta flexibilidad solo la puede lograr una persona que se ha podido dedicar toda su vida a la lectura, a la observación del mundo a su alrededor y la escritura. Quedamos pendientes de El sueño del celta que pronto se lanza.

domingo, 3 de octubre de 2010

Sarkosy y los gitanos

Desde hace unos dos años, Francia inició una política muy agresiva de expulsión a los gitanos inmigrantes de Rumania y Bulgaria, los países más pobres de la Unión Europea. El diario español El País cuenta que, en el 2009 se expulsaron cerca de diez mil gitanos; este año, la suma ya se acerca a los nueve mil. Los repatriados regresan a su país de origen en un avión fletado por el Gobierno, con €300 por adulto y €100 por cada niño que deporten, hecho que le da a esta decisión un tinte de retiro voluntario.
Sarkosy ha recibido fuertes críticas de la ONU, del Consejo de Europa y del Vaticano, además de los partidos políticos de su país y de las ONG. El Presidente francés ha afirmado que la migración es bienvenida cuando es ordenada y se hace de acuerdo con la ley; de hecho, muchos gitanos, a través de los tiempos, con dificultad y lucha contra el marginamiento, se han incorporado a la vida de los franceses y se han destacado en diversos campos, especialmente en el de las artes. Insiste el Presidente en que las expulsiones continuarán hasta cerrar la mitad de los 600 campamentos gitanos y repatriar a quienes no cuenten con sus papeles en regla y con un permiso para trabajar.
La Comisión ha abierto un procedimiento de infracción a Francia, por haber promovido la discriminación hacia ese grupo humano. Afirma que, si bien cada país tiene derecho a aplicar la ley dentro del respeto al Estado de Derecho, la directriz contra la discriminación cobija a todos los países y no tiene discusión. Tampoco pueden los países violar el principio de libertad de circulación de los europeos por los veintisiete países miembros de la Unión.
El problema parece irreconciliable debido a las características culturales propias de los gitanos. Originarios de la India, los gitanos empezaron a caminar el mundo desde el siglo XV. Son pueblos nómadas y su principal valor es la libertad. Se mezclan poco, son bastante cerrados en sus costumbres y, por eso, se ubican a las afueras de las ciudades, de manera temporal. Se rigen por sus leyes propias, basadas en la libertad, la solidaridad y el respeto por sus tradiciones, costumbres, ritos y expresiones artísticas.
“No estamos contra las leyes”, nos cuenta uno de sus líderes, “pero sí queremos vivir al margen de ellas”. No pagan impuestos ni siguen los códigos de Policía de los países. Tampoco acumulan dinero porque tienen la convicción de que siempre tendrán suficiente para vivir. Forman matrimonios endogámicos y se organizan en redes de familias y tribus, bajo unos líderes muy respetados. Trabajan sin horarios ni restricciones: las mujeres son bailarinas y cantantes o se ocupan del turismo, de la elaboración de artesanías y el cuidado estético. Los hombres trabajan en forja, herrería y reciclaje y son muy hábiles para entretener.
Por su manera de concebir la vida, no tienen acceso fácil al empleo y a los servicios de salud y vivienda. Más que lo anterior, los prejuicios hacia ellos los llevan a vivir en un ambiente de discriminación y a una dura lucha por la vida. Los gitanos deportados de Francia aceptan salir el país y asseguran que volverán. Es parte de su forma de vida.

viernes, 2 de julio de 2010

Katyn, setenta años después…

Frustración y desconcierto se percibe entre polacos nacidos en la década de los cuarenta y cincuenta, frente a la muerte del presidente Kaczynski hace un poco más de dos meses. En un extraño accidente aéreo perecieron 92 personas, entre ellas el Presidente, que terminaría su mandato en este año y que buscaba su reelección en la jornada electoral que debía realizarse en octubre próximo. También viajaban miembros del gabinete, políticos, la cúpula militar, el presidente del Banco Central, parlamentarios y familiares de algunas víctimas de Katyn.

Viajaban a conmemorar el septuagésimo aniversario de la masacre del Bosque de Katyn donde, por órdenes de Stalin, el ejército había asesinado y enterrado, en 1940, más de veinte mil polacos, muchos de ellos judíos y pertenecientes a la oficialidad polaca, y otros miembros las nuevas élites militares y civiles del país. Entre ellos también había un buen número de intelectuales y profesionales jóvenes, prisioneros de guerra luego de la invasión de la Unión Soviética a Polonia en 1939.

La versión oficial del accidente de abril pasado acusa a los pilotos quienes, aparentemente, desatendieron los llamados de la torre de control de no aterrizar porque las condiciones meteorológicas eran desfavorables. En la calle, las versiones son diferentes. Los noticieros de TV informan sobre las grabaciones de las cajas negras y presentan analistas de diferentes disciplinas y orientaciones políticas que dejan interrogantes en el aire. Otros consideran extraño que el Primer Ministro Tusk, enemigo político del Presidente, se hubiera reunido con Putin un poco antes del trágico viaje. Se preguntan por qué el Primer Ministro no viajaba con los miembros del gabinete que abordaron el avión para asistir a la ceremonia oficial de conmemoración.

De los siete candidatos a las elecciones de octubre, los dos más opcionados eran el presidente Kaczynski, como candidato del partido conservador Derecho y Justicia, y el ex ministro de Defensa, Szmajdzninsk, de la Alianza de la Izquierda Democrática. Ambos murieron. Luego del accididente, asumió el poder Komorowski, jefe del Parlamento, y también candidato a las elecciones por el partido del Primer Ministro Tusk.

La muerte del presidente forzó a adelantar las elecciones y, el mismo día que Colombia elegía a Santos, los polacos también se acercaban a las urnas. Como ninguno de los candidatos superó el 50% reglamentario, el país se irá a una segunda vuelta entre Komorowski (41%) y Kaczynski (36%), el hermano gemelo del presidente muerto. Si gana el primero, que es el favorito, seguramente habrá un cambio político fuerte en Polonia: Komorowski es pro Rusia y europeísta. Kaszynski se prevé como ultraconservador, nacionalista, euroescéptico y anti ruso. Ambos son católicos, practicantes, y defensores de los valores tradicionales. El primero promueve la adopción pronta del euro; Kaszynski cree que esta debe esperar hasta cuando se fortalezca su relación con la comunidad europea. Mientras tanto, los interrogantes de los polacos no tienen respuestas claras aún. Una vez más, Katyn se convierte en un símbolo de la tragedia polaca de la que el país no acaba de salir.

La historia de Katyn se llevó al cine en el 2007 y fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Su director, Andrzej Wajda es hijo de un oficial polaco, que murió víctima de esta masacre.

domingo, 18 de abril de 2010

Me mandó a buzón

Hoy, ni Clark Kent, si necesitara, podría encontrar una cabina telefónica para convertirse en Superman. Seguramente, ahora tendría que acudir a un baño en McDonalds o Burger King para transformarse. Las cabinas se acabaron porque el uso del teléfono, que se asociaba con un lugar, la casa, el teléfono público, la oficina, perdió su razón de ser con la aparición de los celulares.
Las ciudades extrañan las cabinas telefónicas pero las eliminaron por falta de uso. En Londres, por ejemplo, conservan cuatro en esquinas estratégicas para que los turistas se tomen una foto. Algunas firmas inglesas aún las producen y las venden o alquilan. Las compran los coleccionistas, empresas y museos para la decoración de sus entradas o las ubican en parques como recuerdo de un pasado nostálgico.
Los celulares llegaron hace como quince años para quedarse, sofisticarse y atraer por sus contenidos. No solo no podemos concebir la vida sin ellos sino a veces nos preguntamos cómo pudimos sobrevivir tanto tiempo sin esta posibilidad de comunicación inmediata. Es tanta la dependencia que hemos creado hacia el celular que uno se siente inseguro cuando lo ha olvidado. Es útil en el trabajo, en los viajes, para enviar mensajes importantes, en caso de accidentes, cambio de planes, voladas y tragedias.
El problema está en que nos hemos sofisticado en el uso de la tecnología, pero no lo hemos hecho frente a nuestros hábitos. Nos hemos acostumbrado tanto al celular que no notamos que su uso puede llegar a ser bien descortés. Ya no hay inconveniente en cortar una conversación con quien tenemos en frente, porque quien habla o escucha contesta una llamada que generalmente no es importante. En una ocasión, en medio de una serenata, a uno de los cantantes le sonó el celular. Pues, no tuvo inconveniente en dejar solo al compañero, salir del salón y responder. Se nos olvida que siempre existe la posibilidad de devolver la llamada.
Hemos adquirido nuevos hábitos frente al celular: Nos alejamos del interlocutor para contestar; dejamos el celu en tono fuerte en actos públicos, sin contar con que algunos son claramente molestos; todos ponemos el teléfono en la mesa en caso de reuniones. De otro lado, el celular nos ha puesto en una situación de acceso permanente a todos. Estamos siempre en contacto, conectados, y, hasta el hecho de no responder, puede interpretarse de diversas maneras. A veces, nos da piedra, por ejemplo, cuando se nos acaban los minutos o se descarga el celu. Paradójicamente, vivimos en mayor incomunicación y somos más individualistas. También, más eficientes pero no, más felices.
La vida cambió con los celulares; el lenguaje también: hoy en día, se venden, se compran y se acaban los minutos; popularizamos la palabra buzón; ahora se le timbra a los amigos. Y, ya no hay vuelta atrás. Cada día son más sofisticados; compiten por los contenidos y se hacen más imprescindibles.

domingo, 21 de febrero de 2010

El tiempo pasa...

Con el paso del tiempo, nuestro tiempo personal también se nos va de las manos. Es un tiempo fragmentado, con significados diferentes según las personas. Para los niños, por ejemplo, el tiempo no pasa. Tienen que esperar una eternidad para volver a vivir una Navidad y recibir otros regalos. Con la llegada de Internet, el tiempo se ha vuelto instantáneo: el chat, el teléfono con cámara, las cuentas que pagamos en segundos, las fotos que subimos, las compras que hacemos… accedemos a lo que queramos; nos enteramos de todo en instantes; compramos libros el primer día de su venta, porque ahora también son digitales.
Muy atrás quedaron los tiempos en los que había que esperar una semana para recibir una carta si uno estaba en el exterior; en esa época, las noticias se demoraban quince días en llegar, si se transmitían por carta. El teléfono era muy caro.
Con tanta información a la que tenemos acceso, los acontecimientos parecen perder interés; no alcanzamos a digerirlos cuando hay que atender los que siguen y nos atropellan. Esto ha hecho, como dice Tabucchi, que perdamos la memoria. No recordamos bien; no registramos bien. Los muchachos de hoy, por ejemplo, según entrevistas del Periódico hace unos días, piensan que Simón Bolívar fue el Presidente de la Academia de Historia.
No tener tiempo es una de las disculpas más comunes; tanto, que ha perdido su significado. ¿Sí será que no tenemos tiempo? O, ¿será que no priorizamos bien?

sábado, 20 de febrero de 2010

Silencio...

Cada día hay más posibilidades que ayudan a que la gente hable. Por ejemplo, están los celulares que fascinan, que se hacen más baratos, más atractivos y populares en la medida en que los planes de compra aumentan los minutos disponibles para seguir hablando. Hoy conversamos más; puede ser que estamos más solos y contamos cosas porque nos gusta que lo que hacemos se sepa y porque nos hace falta más reconocimiento. A la vez, parece que la gente habla más pero escucha menos, es decir, hay menos comunicación; hay menos reacciones inteligentes a lo que se conversa; hay menos intercambio y menos aprendizaje.

También, la gente escribe más. Escribe en Internet, con mucha libertad aparente, con emotividad, con poca reflexión sobre lo que se escribe. Escribimos en borrador, como caiga, con poca responsabilidad sobre lo que escribe porque mucho de lo que se afirma por internet se puede borrar, o nadie lo lee, o nadie lo entiende, o a nadie le importa mucho. O, nuevos estímulos siguen y pronto se olvida lo que leímos.
Pero, lo que se escribe en papel, es más difícil que se pueda borrar, porque tiene más permanencia, porque deja más huella. Y, a veces, las palabras escritas hacen mucho daño, especialmente cuando se confunden conceptos, se escribe y se acusa desde una confusión de ideas; o cuando se hace con la intención de hacer daño y sacar beneficios personales.

Hay una salida: Hablar hacia adentro; dialogar con uno mismo… ser dueño de sus pensamientos, ser dueño de sus silencios.

sábado, 13 de febrero de 2010

Salinger

A finales de enero murió J.D. Salinger uno de los escritores más importantes de la década de los cincuenta en Estados Unidos. Este escritor dejó de escribir en 1953, dos años después de haber publicado dos colecciones de cuentos y el libro que le dio reconocimiento mundial.
El guardián entre el centeno es la historia de un adolescente inteligente, sensible y brillante que nunca pudo adaptarse a la “vida falsa de los adultos” y se convirtió en un desadaptado e inconformista; sus ideales de vida no se ajustaban a la sociedad en la que creció. El libro se publicó en 1951 y desde entonces ha sido parte de los programas de bachillerato en ese país. Se le consideró una obra pionera al movimiento hippie de los sesenta y, tal vez por eso, su lectura se prohibió en los setenta. Así, a la vez, fue el libro más censurado y el más estudiado en las aulas.
El éxito que alcanzó lo aterró y lo hizo recluirse en Cornish, un pueblo pequeño de New Hampshire donde vivió hasta el mes pasado, cuando murió a los 91 años. Al principio, trató de vivir con su pareja y se vinculó a la escuela local para conversar con los estudiantes sobre literatura. Pero, luego de leer la primera entrevista que le hicieron, se aisló también de la gente de su pueblo y solo conservó el contacto ocasional de un amigo que era abogado. Sus libros tenían un lugar especial en las librerías del pueblo y, cuando él las visitaba, los transeúntes lo dejaban pasar, con afecto, sin molestarlo, y en respeto a su deseo de privacidad.
Salinger siempre fue una curiosidad para los periodistas que lo perseguían para indagar sobre su vida, especialmente desde hace un poco más de veinticinco años cuando Mark Chapman, el asesino de John Lennon, que llevaba el libro de Salinger en el bolsillo en el momento de su captura, dio declaraciones en el sentido de que había matado al integrante de los Beatles para promover la lectura del libro que lo inspiraba. Ese hecho lo capitalizó la prensa al máximo.
En sus casi cuarenta años de aislamiento practicó el budismo Zen y el hinduismo; en sus cartas a amigos escribía sobre los descubrimientos que había hecho en la manera de conducir su vida, en silencio y lejos de ataduras familiares. Se dedicó a escribir pero no publicaba porque sentía que hacerlo se convertía en “una maldita interrupción” para su oficio de escribir: “Siento una paz maravillosa de pensar en no publicar", señalaba. "A mí me gusta escribir; escribo para mí, para mi satisfacción personal". Se negó a la publicidad, a los estudios literarios, a las entrevistas y participación en eventos.
Los editores, la familia y el mundo literario están a la expectativa de encontrar sus escritos, que dejó en una caja fuerte. Salinger sabía qué iba a pasar después de su muerte; por eso, dejó orientaciones sobre las publicaciones que se imaginó que seguirían. Señaló sus libros con colores diferentes para indicar si estaban terminados, si necesitaban edición o si, definitivamente, no debían publicarse. En el mundo literario, hay expectativas crecientes sobre los arreglos que se harán para la publicación de sus libros. Su larga vida terminó luego de una corta y silenciosa enfermedad.