Ya pasó el concierto de Juanes en La Habana. Fueron muchas las opiniones que surgieron alrededor de este importante encuentro y muchas las voces de aceptación o desacuerdo: Que si los cubanos estaban de acuerdo, que si no; que si fue un acto político (!pues claro que lo fue!) o que si Juanes es apolítico; que si el embargo, que si el régimen, que si Sylvio. Que la plaza de la Revolución no era para un concierto porque es un lugar triste, lleno de malos recuerdos para muchos cubanos y de asistencias obligadas a los actos del régimen; que el odio de los cubanos de Miami, primera generación, y su campaña de desinformación; que si Juanes tenía segundas intenciones, que si era un llamado a Obama para que comience a liderar el levantamiento del embargo a Cuba.
Lo cierto es que asistieron más de un millón de personas, que permanecieron ahí,a pesar del sol de huevo frito que provocó desmayos y deshidrataciones. Todos sentían que también tenían derecho a participar en un evento artístico de este tipo, dentro de las tendencias mundiales de los conciertos multitudinarios. Fue también una posibilidad de que el mundo recordara a Cuba y la dura realidad de ser cubano; fue un baño de popularidad mundial para Juanes y su grupo.
Mañana, todo seguirá siendo igual para los cubanos. Pero, hoy, tuvieron la ocasión de pasar un domingo de ensueño y disfrute entre amigos locales y suramericanos que viven o que viajaron a la isla.
domingo, 20 de septiembre de 2009
domingo, 13 de septiembre de 2009
Chocolate y nieve
La combinación de palabras que he usado en el título para esta entrada, que leí en algún sitio, la voy a tomar prestada a propósito del tema racial en Estados Unidos, que ha sido una gran tragedia en ese país. No es que en el nuestro no lo sea también pero allá, ha sido mucho más fuerte y se manifiesta de formas mucho mas duras y sutiles. La lucha entre negros y blancos ha sido la más sobresaliente. Pero, entre los negros también hay diferencias: hay negros educados, negros ricos y negros pobres. Lo mismo pasa entre los blancos: hay blancos ricos y otros, generalmente poco educados, con oportunidades muy escasas. Y, eso que no vamos a referirnos a la discriminación contra los irlandeses, los italianos, los latinos, los...
Gay Talese, es un periodista literario que estudió y vivió en Alabama, (y estuvo en el 2008 en Bogotá en el Festival Malpensante). Talese en su Biografía ha escrito crónicas muy detalladas sobre la vida de los negros. En ese Estado, una cosa era estar en la Capital, en Montgomery, y otra, muy diferente, vivir en pueblos pequeños, como Selma, en los que la trascendencia y la fuerza de las luchas contra el racismo no llegaba; más bien, allí operaban fuerzas solitarias que luchaban y lideraban ejercicios de protesta y defensa de los derechos civiles, pero eran aplastados por las fuerzas del Estado. Eran historias que no tenían resonancia en la prensa porque, allá, como aquí, muchas de las luchas de los pueblos pequeños pasan desapercibidas, a menos que la prensa nacional se ocupe de ellas.
Ha sido una lucha dura, de doscientos años, que no ha terminado, a pesar del enorme avance de las últimas décadas del siglo veinte, que ha culminado con la elección de un presidente negro: negro rico, educado y no tan negro.
Gay Talese, es un periodista literario que estudió y vivió en Alabama, (y estuvo en el 2008 en Bogotá en el Festival Malpensante). Talese en su Biografía ha escrito crónicas muy detalladas sobre la vida de los negros. En ese Estado, una cosa era estar en la Capital, en Montgomery, y otra, muy diferente, vivir en pueblos pequeños, como Selma, en los que la trascendencia y la fuerza de las luchas contra el racismo no llegaba; más bien, allí operaban fuerzas solitarias que luchaban y lideraban ejercicios de protesta y defensa de los derechos civiles, pero eran aplastados por las fuerzas del Estado. Eran historias que no tenían resonancia en la prensa porque, allá, como aquí, muchas de las luchas de los pueblos pequeños pasan desapercibidas, a menos que la prensa nacional se ocupe de ellas.
Ha sido una lucha dura, de doscientos años, que no ha terminado, a pesar del enorme avance de las últimas décadas del siglo veinte, que ha culminado con la elección de un presidente negro: negro rico, educado y no tan negro.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Escuchar y dialogar
En general, me gustan las columnas de William Ospina pero la de ayer, en El Espectador, no me fascinó porque no me pareción que tenía la fuerza de otras. Sin embargo, vale la pena comentar dos subtemas del artículo: Dice William que un buen maestro sabe escuchar. Yo estoy de acuerdo y siento que escuchar al otro es también detectar lo que no dice, indagar y descubrir, es decir, darle atención especial al estudiante y ayudarlo a crecer. No es fácil hacerlo, especialmente cuando el maestro, hoy, tiene clases muy grandes que no le permiten dedicarse a apoyar a los estudiantes, a oir sus historias, anhelos, sueños, a conversar. El maestro solo tiene tiempo para hablar, transmitir y medio corregir para cumplir fechas; algunos deben tomar dos y tres trabajos para redondearse; en general, el maestro tampoco tiene tiempo para estudiar y, por eso, repite sus clases año tras año. O, lo peor, a muchos no le interesa. Hay de todo.
También afirmaba nuestro escritor tolimense que aprendemos por el diálogo. Claro, el diálogo es la manera ancestral de aprender; desde siempre. Aprendemos, por ejemplo, si sabemos dialogar con el libro; si nos atrevemos a discentir, a proponer, a criticar, a aceptar críticas, a cultivar la curiosidad. Tampoco es fácil. No nos atrevemos mucho. Nos inhibe la autoridad, las situaciones nuevas.
También afirmaba nuestro escritor tolimense que aprendemos por el diálogo. Claro, el diálogo es la manera ancestral de aprender; desde siempre. Aprendemos, por ejemplo, si sabemos dialogar con el libro; si nos atrevemos a discentir, a proponer, a criticar, a aceptar críticas, a cultivar la curiosidad. Tampoco es fácil. No nos atrevemos mucho. Nos inhibe la autoridad, las situaciones nuevas.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Las bibliotecas también cambian
Muchas personas seguramente han comenzado a rasgarse las vestiduras frente a los cambios en los formatos de los libros, frente a la cantidad de información disponible en la red que nos ha tocado presenciar, así sea como lectores índice, o lineales, es decir, los de antes.
Algunos ya comienzan a morir de pensar en que no pueden leer en pantalla; no se pueden concentrar o les duelen los ojos; en que necesitan tocar y oler el papel; en que el verdadero descanso lo sienten cuando están frente a los libros, a sus bibliotecas, a sus estantes de libros. Pues, así es para muchos. Pero, ¿no sería mejor pensar en cambiar, siquiera un poquito?
Las bibliotecas lo están haciendo. Están comenzando a pensar cómo sería la vida sin libros de papel.Y, en otros países, se están ajustando. Seguramente que nosotros nos demoraremos unos cuantos años porque, mientras en otros países, fácilmente aceptan los libros digitales, nosotros apenas comenzamos a publicar en papel. Miren solamente la cantidad de libros raros que han aparecido en Colombia, mandados a escribir por narcos, paras, exsecuestrados... En otras partes, algunas biliotecas están creando sus centros de aprendizaje digital; otras abren sus áreas de juegos, pues no se pueden ignorar. Otras, al lado de los espacios que exigen el silencio tradicional y reverencial de las bibliotecas, ponen a disposición sus cuartos ruidosos. Si, ahora, la información es tan grande que se hace necesario el trabajo en equipo, esos espacios van a apoyar la conversación, los proyectos de grupo, la discusión, a la manera del Twitter o los blogs, para conversar.
El sistema bibliotecario también cambia. Se crean bibliotecas en línea, y los bibliotecarios comienzan a pensar que las bibliotecas deben ser más que depósitos de libros. Deben fortalecerse como centros de encuentro de las comunidades. Es mas: los bibliotecarios se cambian de nombre. Ahora se llaman orientadores de la información.
Con todos estos cambios, a los que hay que darles la bienvenida, la biblioteca continuará siendo lo que es: un espacio abierto para que la gente encuentre la información que le va a ayudar a aprender; un lugar para compartir la información que recogen de las redes sociales, de las bases de datos, de los grupos de discusión; algunos son debates cívicos como el de No más Chavez, que se disparó en dos semanas; que se sigan interesanto por los blogs, mapas, videos y música.
En resumen, todo cambia y nada cambia. La bibiloteca seguirá siendo un centro de encuentro, con otra ventaja que se puede aprovechar: Si se puede acceder a la información que el mundo produce con tanta facilidad, desde cualquier lugar, tal vez la biblioteca se podría ocupar de cuanto no sea tan global; de cuanto sea propio de las comunidades: de lo relativo a la historia de los pueblos. ¿podría ser esta una ventaja para que le apuntemos a recuperar la historia, literatura, la cultura de nuestros pueblos?
Algunos ya comienzan a morir de pensar en que no pueden leer en pantalla; no se pueden concentrar o les duelen los ojos; en que necesitan tocar y oler el papel; en que el verdadero descanso lo sienten cuando están frente a los libros, a sus bibliotecas, a sus estantes de libros. Pues, así es para muchos. Pero, ¿no sería mejor pensar en cambiar, siquiera un poquito?
Las bibliotecas lo están haciendo. Están comenzando a pensar cómo sería la vida sin libros de papel.Y, en otros países, se están ajustando. Seguramente que nosotros nos demoraremos unos cuantos años porque, mientras en otros países, fácilmente aceptan los libros digitales, nosotros apenas comenzamos a publicar en papel. Miren solamente la cantidad de libros raros que han aparecido en Colombia, mandados a escribir por narcos, paras, exsecuestrados... En otras partes, algunas biliotecas están creando sus centros de aprendizaje digital; otras abren sus áreas de juegos, pues no se pueden ignorar. Otras, al lado de los espacios que exigen el silencio tradicional y reverencial de las bibliotecas, ponen a disposición sus cuartos ruidosos. Si, ahora, la información es tan grande que se hace necesario el trabajo en equipo, esos espacios van a apoyar la conversación, los proyectos de grupo, la discusión, a la manera del Twitter o los blogs, para conversar.
El sistema bibliotecario también cambia. Se crean bibliotecas en línea, y los bibliotecarios comienzan a pensar que las bibliotecas deben ser más que depósitos de libros. Deben fortalecerse como centros de encuentro de las comunidades. Es mas: los bibliotecarios se cambian de nombre. Ahora se llaman orientadores de la información.
Con todos estos cambios, a los que hay que darles la bienvenida, la biblioteca continuará siendo lo que es: un espacio abierto para que la gente encuentre la información que le va a ayudar a aprender; un lugar para compartir la información que recogen de las redes sociales, de las bases de datos, de los grupos de discusión; algunos son debates cívicos como el de No más Chavez, que se disparó en dos semanas; que se sigan interesanto por los blogs, mapas, videos y música.
En resumen, todo cambia y nada cambia. La bibiloteca seguirá siendo un centro de encuentro, con otra ventaja que se puede aprovechar: Si se puede acceder a la información que el mundo produce con tanta facilidad, desde cualquier lugar, tal vez la biblioteca se podría ocupar de cuanto no sea tan global; de cuanto sea propio de las comunidades: de lo relativo a la historia de los pueblos. ¿podría ser esta una ventaja para que le apuntemos a recuperar la historia, literatura, la cultura de nuestros pueblos?
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