sábado, 8 de noviembre de 2014
Eutanasia
La muerte de Brittany Maynard ha causado gran polémica en USA y entre personas religiosas. Critican la decisión que esta joven de 29 años tomó de quitarse la vida para no sufrir más las consecuencias de un cáncer cerebral de carácter terminal.
Naturalmente, las personas que la critican no han sufrido con enfermedades que doblegan al paciente hasta hacerlo tomar esta determinación. No comprenden la decisión de alguien que tiene que pasar por pruebas físicas tan difíciles, dolorosas e incapacitantes, mientras su cerebro funciona bien y la persona se da cuenta de su propio deterioro. Además, la decisión de Brittany no la tomó sola. Fue perfectamente planeada y en ella la acompañaron su marido y sus padres, quien alteraron su vida para mudarse al estado de Oregon, donde la eutanasia es permitida, para acompañarla y apoyarla en su decisión. Fue una decisión comunitaria movida por el amor hacia un ser querido que no merecía sufrir más.
Al respecto surgen muchas preguntas: ¿Quién puede estar en capacidad de criticar y condenar la decisión de alguien de acabar con su vida cuando se da cuenta de que no tiene un futuro para vivir dignamente? ¿No es respetable la decisión que toma una persona que sufre el deterioro de su propio cuerpo en medio de enormes dolores? ¿Los que critican esta decisión no piensan que cuando la calidad de vida se deteriora no vale la pena vivir? No piensan tampoco en que el apoyo a una persona que toma una decisión de este corte es un acto de amor y solidaridad?
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calidad de vida,
deterioro,
dignidad,
Eutanasia,
solidaridad
lunes, 3 de noviembre de 2014
La realeza. Una visita extraña
Qué extraño es para nosotros recibir la visita de la realeza inglesa. No empata una visita de ese orden con nuestra manera colombiana de ser, tropical, descomplicada, poco planificadora y más bien desordenada a los ojos de esas personas con su vida planificada desde que nacieron. Tampoco empata con la exigencia de seguir un protocolo tan ajeno a nuestras costumbres. En ese caso, más bien, sería cortesía del visitante, así sea un príncipe, enterarse de cómo son nuestras costumbres e intentar actuar de acuerdo con ellas. !Nosotros no les hacemos venias a nadie. Nosotros ofrecemos la mano para saludar y miramos directamente a los ojos!
Nosotros disfrutamos un regalo que nos hagan. Pero, ¿qué va a hacer la pareja real con esas ruanas pesadas y bultosas en Inglaterra? A nosotros nos fascinan porque son calientitas y cómodas. Pero, ¿a ellos? Me imagino que el pobre sombrero vueltiao, costoso para nosotros, irá directo a la basura. ¿Serán capaces los príncipes de apreciar los regalos que recibieron de un pequeño país suramericano?
Ojalá los acuerdos y convenios firmados justifiquen el despliegue de atenciones y gastos en los que incurrimos los colombianos para financiar esa real visita.
domingo, 2 de noviembre de 2014
¿Duro o divertido?
¿Qué pueden sentir cuatro personas, dos pares de gemelos, si un día, a los veinticinco años, se enteran de que fueron cambiados al nacer? Una situación como esta sucedió en Bogotá y, por una rara coincidencia, los dos pares de gemelos se enteraron de que dos de ellos habían vivido por veinticinco años una vida que no les pertenecía.
Ellos, ante las cámaras de TV, lo tomaron de manera muy civilizada y amable. Se fueron por el lado de haber descubierto con alegría que contaban con muchos hermanos y hermanas que no se habrían nunca imaginado. Le mostraron a Colombia que, ahora, son cuatro hermanos; dos de ellos pertenecen a una familia numerosa del campo, que les dio una calurosa y llorosa bienvenida.
¿Será cierta tanta felicidad? ¿Qué puede pensar el gemelo campesino frente al hecho de que podría haber estudiado una carrera si no hubiera sido cambiado, en lugar de tener que trabajar de sol a sol en una carnicería? ¿Qué pasará por la cabeza del otro hermano quien durante veinticinco años trabajó para ayudar a sus padres y ahora se entera de que su verdadera madre murió y le negaron el derecho a conocerla?
Se va a poner una demanda contra el hospital que puede ganarse o, por el contrario, puede que no suceda nada porque el hospital está en disolución. Pero, ¿cómo pueden esos muchachos cambiados recuperar el tiempo, los afectos y las oportunidades?
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