lunes, 22 de diciembre de 2008

La Navidad

En esta época del auge del consumismo rampante y del mercadeo, no nos podemos creer el cuento de que es mediante las compras, muchas veces por compromiso, como se celebra la Navidad. De eso nos tratan de convencer los medios de comunicación y el comercio, con su tarea de vender y vender y con los enormes costos de la publicidad.
Además, con las presiones que todos hemos aceptado sobre los compromisos, la plata no alcanza y el tiempo tampoco. Y, con frecuencia, las personas están, hasta bien entrada la noche del 24, haciendo compras, soportando trancones, empacando y repartiendo regalos con poco significado y desarrollando actividades que no nos gustan mucho. Mientras hacemos esto, estamos deseando estar en casa, descansando, conversando, bebiendo un poco.
¿Por qué no aceptar que se puede pensar en estas fiestas de fin de año como en unas vacaciones muy anheladas después de un año de trabajo duro y de muchas dificultades para todos? Tendríamos que considerarla como la oportunidad para conversar, pensar en otra cosa, cocinar y comer rico; es la posibilidad para estar solos, con un buen libro, en paz. También, es un espacio para intercambiar regalos pequeños, como muestras de afecto a algunos amigos. Todo esto es también válido.
Que celebren la Navidad con mucha seriedad y recogimiento, y que reflexionen sobre la religión de su convicción, quienes realmente lo sientan así.

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