Cada vez con más frecuencia parece que quisiéramos alcanzar metas con poco trabajo y esfuerzo. Un ejemplo es el lío en el que estamos con las pirámides que hizo crisis hace ya un tiempo. Otro, es el tiempo que los jóvenes estudiantes se dedican al corteypega del internet para sus tareas escolares, más que a leer, procesar, entender y hacer sus tareas. Son muchos los ejemplos que podríamos citar de nuestra vida diaria.
Esta tendencia también se refleja en el lenguaje que hablamos, y me refiero a nosotros los colombianos. Por ejemplo, ¿Por qué pedimos que nos regalen un café cuando vamos a una cafetería y tenemos la intención de pagarlo? ¿Por qué se ha generalizado tanto el uso de este verbo entre nosotros? ¿Por qué nos gusta la sensación que produce que nos regalen algo, aún si no encontramos mayor utilidad en su uso? Y, peor aún, ¿por qué será que los colombianos, usamos tanto el verbo robar? “¿Le puedo robar una llamadita?" preguntamos con frecuencia. O "!Le voy a robar cinco minutos de su tiempo...!
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