Muy poco oímos hablar, hoy en día, de los maravillosos espantos y fantasmas con los que crecimos cuando éramos niños. Por las noches, en Interlaken, los pequeños de las casas de la cuadra, que éramos muchos, nos encontrábamos para escuchar las historias de espíritus que volvían del más allá, de fantasmas que recorrían los espacios abiertos, duendes, ruidos misteriosos y palmoteos inexplicables en las noches, que dejaban sentadas a las víctimas. Eran las empleadas del servicio quienes se sabían todas estas historias y habían convivido con estos fantasmas; habían visto las luces que se movían alrededor de las tumbas en los cementerios de los pueblos o cerca del lugar donde alguien había muerto, generalmente de forma violenta, y habían sentido el “frío de la muerte” después de estos encuentros fantasmales. Todas estas historias nos fascinaban y moríamos del susto de pensar en la posibilidad de encontrarnos por ahí con María Mandingas.
Por eso, parece sorprendente saber que el presidente Obama va a vivir hasta el 15 de enero en el hotel Hay-Adams de Washington, que tiene su propio fantasma. El traslado de la familia Obama a este hotel se debe a que el futuro mandatario y su familia no pudieron llegar a la Casa Blair, la residencia estatal de invitados, situada frente a la Casa Blanca, donde oficialmente se alojan los futuros presidentes, debido a que ésta estaba reservada hasta esa fecha para “recepciones y reuniones” del Gobierno Bush.
Antes de que fuera hotel, ese era el lugar de residencia de las familias Hay y Adams, alrededor de quienes discurría la vida social de los intelectuales y altos funcionarios gubernamentales de la ciudad. Henry Adams provenía de familia presidencial. Era periodista y profesor universitario; su esposa, Marian Clover Adams, escritora, retratista y fotógrafa era una mujer de avanzada, y muy crítica de la sociedad a su alrededor y de la situación de la mujer en el siglo diecinueve pero, aparentemente, su esposo no le permitía publicar y sobresalir como profesional. Luego de la muerte de su padre, de quien era muy cercana, y debido a sus frustraciones personales, se sumió en una profunda depresión y, en diciembre de 1885, muy poco después de haber estrenado su casa, se envenenó al beber los líquidos reveladores de sus fotografías. Tenía 42 años y su fantasma no ha dejado de deambular alrededor del que fue su hogar. Los descendientes de estas familias conservaron las dos propiedades hasta 1927 y, en ese lugar, luego se construyó el Hay-Adams, un hotel de estilo renacentista de 138 habitaciones y suites.
A Washington, se le conoce como una ciudad sin vida nocturna, porque la gente que trabaja para el Estado sale temprano para sus casas. Sin embargo, no falta quien haga correr la historia de que la gente desaparece rápido de allí antes de que anochezca, por temor a encontrarse con los espíritus que surgen en las oficinas, cuando las luces se apagan. Son muchas las historias de fantasmas en la Casa Blanca; algunos prenden y apagan luces; otros abren y cierran ventanas, ríen a carcajadas o lavan ropa; hay también gatos de ojos brillantes que se erizan y maúllan o estatuas que cobran vida. Algunos son los fantasmas de presidentes, como el de Lincoln, que se pasea, pensativo, con las manos atrás, como cuando allí vivía.
Es probable que la familia presidencial no se encuentre con el fantasma de Marian Adams, porque este es selectivo para hacer sus presentaciones en público: aparece en las dos primeras semanas de diciembre, alrededor del aniversario de su muerte, y en el cuarto piso del hotel, donde las encargadas de su mantenimiento sienten brazos invisibles y oleadas frías alrededor, mientras perciben olor a champaña. Pero, seguramente Obama tendrá que respirar otros problemas mucho más miedosos: el monstruo del derrumbamiento de las ilusiones frente a las exageradas promesas de cambio que ha creado o el de las continuidades inevitables con las que tendrá que trabajar; el vampiro de la recesión económica que heredó; la mano peluda del terrorismo mundial, el tema de Irak, Afganistán, Gaza y tantos otros vampiros, monstruos verdes y seres peligrosísimos que se le van a aparecer a partir del 20 de enero.
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