sábado, 9 de mayo de 2009

A propósito de buhos y noctámbulos

En conversaciones entre universitarios, con frecuencia surge el tema de la apatía de las nuevas generaciones, de su falta de curiosidad por el conocimiento y por el mundo que los rodea. A veces, no entendemos sus motivaciones, sus ilusiones y planes de vida.
Si bien estamos generalizando aún sabiendo que en todos los ambientes se encuentran muchachos muy interesados por aprender, no deja de ser sorprendente constatar que existe un puñado creciente de jóvenes que estudian bajo condiciones difíciles de imaginar y sacrifican lo que sea, con tal de avanzar en sus estudios. Me refiero a quienes estudian en el Sena en la jornada de 10 p.m. a 6 a.m.
Este proyecto solo existe en cuatro regionales del Sena y busca ampliar cobertura, así como ajustarse a tendencias mundiales hacia la empresa abierta 24 horas. La Regional Tolima inició el programa en el 2005 y hoy cuenta con un poco más de doscientos aprendices, que toman cursos cortos de cocina, o siguen programas técnicos en Servicios de Alojamiento, Venta de productos, Compras y suministros, o tecnologías en Mercadeo, Análisis y desarrollo de sistemas de información, entre otros. En año y medio o dos años estos muchachos podrán desempeñarse en las áreas operativas de las empresas o crear sus propias empresas, porque el Sena los motiva con programas de emprendimiento. Además, el Fondo Emprender entrega capital semilla a los mejores planes de negocios.
La edad promedio de estos muchachos es dieciocho años; hay reinsertados, desplazados y discapacitados, con historias de vida de gran interés. Las dos primeras semanas son difíciles pues, mientras se ajustan al nuevo horario, sienten frío, sueño y debilidad, pero el Sena, mediante convenio con el ICBF les provee con una bebida caliente de bienestarina que los ayuda a retomar fuerzas. Después, el ritmo de estudio ya fluye sin inconvenientes. Otro momento de dificultad para estos jóvenes se presenta a la salida de su jornada de estudio porque muchos no cuentan con el dinero para el bus y deben caminar hasta la casa que, para algunos, es en El Topacio o El salado. El Sena no pudo llegar a un acuerdo con la Alcaldía, que apoyara a estos jóvenes aprendices a través de las empresas de transporte urbano.
Hoy, el 60% de estos muchachos están ubicados laboralmente. Algunos, especialmente los graduados de los programas de cocina, trabajan en hoteles de la Costa, o están en otros países como España, Canadá y Francia. Hay quienes realizan pasantías que el Sena paga en su totalidad. Los beneficiarios se escogen por méritos, en concursos de carácter nacional.
Al Sena Tolima se presentan 3500 jóvenes cada trimestre y la capacidad es de mil en los tres centros de formación d el Tolima. Por eso, se está ampliando la cobertura con las jornadas 24 horas y con nuevas alternativas en los municipios. Se busca que estos jóvenes permanezcan en sus lugares de origen y no se trasladen a Ibagué, ilusionados, solo para comprender que las oportunidades, aquí, son escasas.
Aunque se ha avanzado en el tema, y se han ampliado las ofertas en las modalidades técnicas y tecnologías en el país, es importante que la sociedad y las empresas tolimenses reconozcan con más fuerza estas alternativas de educación superior. Sus egresados son muchachos que valoran el trabajo, que estudian con seriedad, y que generalmente permanecen en las empresas que les han dado el contrato de aprendizaje. Muchas organizaciones se han vinculado a este programa pero es importante que muchas otras comprendan que el contrato de aprendizaje para los jóvenes es una oportunidad de apoyar a las clases menos favorecidas del Tolima y del país.

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