sábado, 20 de febrero de 2010

Silencio...

Cada día hay más posibilidades que ayudan a que la gente hable. Por ejemplo, están los celulares que fascinan, que se hacen más baratos, más atractivos y populares en la medida en que los planes de compra aumentan los minutos disponibles para seguir hablando. Hoy conversamos más; puede ser que estamos más solos y contamos cosas porque nos gusta que lo que hacemos se sepa y porque nos hace falta más reconocimiento. A la vez, parece que la gente habla más pero escucha menos, es decir, hay menos comunicación; hay menos reacciones inteligentes a lo que se conversa; hay menos intercambio y menos aprendizaje.

También, la gente escribe más. Escribe en Internet, con mucha libertad aparente, con emotividad, con poca reflexión sobre lo que se escribe. Escribimos en borrador, como caiga, con poca responsabilidad sobre lo que escribe porque mucho de lo que se afirma por internet se puede borrar, o nadie lo lee, o nadie lo entiende, o a nadie le importa mucho. O, nuevos estímulos siguen y pronto se olvida lo que leímos.
Pero, lo que se escribe en papel, es más difícil que se pueda borrar, porque tiene más permanencia, porque deja más huella. Y, a veces, las palabras escritas hacen mucho daño, especialmente cuando se confunden conceptos, se escribe y se acusa desde una confusión de ideas; o cuando se hace con la intención de hacer daño y sacar beneficios personales.

Hay una salida: Hablar hacia adentro; dialogar con uno mismo… ser dueño de sus pensamientos, ser dueño de sus silencios.

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