domingo, 21 de febrero de 2010

El tiempo pasa...

Con el paso del tiempo, nuestro tiempo personal también se nos va de las manos. Es un tiempo fragmentado, con significados diferentes según las personas. Para los niños, por ejemplo, el tiempo no pasa. Tienen que esperar una eternidad para volver a vivir una Navidad y recibir otros regalos. Con la llegada de Internet, el tiempo se ha vuelto instantáneo: el chat, el teléfono con cámara, las cuentas que pagamos en segundos, las fotos que subimos, las compras que hacemos… accedemos a lo que queramos; nos enteramos de todo en instantes; compramos libros el primer día de su venta, porque ahora también son digitales.
Muy atrás quedaron los tiempos en los que había que esperar una semana para recibir una carta si uno estaba en el exterior; en esa época, las noticias se demoraban quince días en llegar, si se transmitían por carta. El teléfono era muy caro.
Con tanta información a la que tenemos acceso, los acontecimientos parecen perder interés; no alcanzamos a digerirlos cuando hay que atender los que siguen y nos atropellan. Esto ha hecho, como dice Tabucchi, que perdamos la memoria. No recordamos bien; no registramos bien. Los muchachos de hoy, por ejemplo, según entrevistas del Periódico hace unos días, piensan que Simón Bolívar fue el Presidente de la Academia de Historia.
No tener tiempo es una de las disculpas más comunes; tanto, que ha perdido su significado. ¿Sí será que no tenemos tiempo? O, ¿será que no priorizamos bien?

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