Ha sido muy interesante seguir la odisea chilena y de las familias frente a las medidas que se han tomado para el rescate de los 33 mineros. El tema ha movilizado al mundo con una noticia que, si bien es dramática, está llena de vida y esperanza y el problema se ha manejado de una manera bien interesante para el país o, por lo menos, así lo vemos desde afuera.
Muy pronto surgió un líder natural, Ursúa, quien los organizó y distribuyó las tareas entre el grupo. Asesorados por la Nasa, los mineros han seguido órdenes de prevención y supervivencia y han aprendido de la experiencia desde muchos puntos de vista. Han estado bien atendidos en lo físico y en lo espiritual y psicológico; han podido reflexionar sobre sus vidas y, seguramente, cuando vuelvan a la superficie, van a ser personas nuevas, con una segunda oportunidad sobre la tierra. Pero, sobre todo, han estado ocupados y se han sentido útiles.
Las dificultades dentro de las familias no nos las muestran los medios de comunicación pero parece que se han descubierto muchas facetas ocultas de los mineros y sus familias, que van a ser bien interesantes de conocer, cuando pase un tiempo y ellos regresen a sus vidas normales.
Mientras tanto, todo está calculado para que el miércoles comience el rescate: la comunicación ha sido permanente con el exterior y continuará así durante el rescate, para disminuir el estrés de los mineros: Ellos están equipados con máscaras, cascos con audífonos y micrófonos. Y, el mundo sigue pendiente.
Chile también ha salido muy bien librado frente a la opinión mundial; se ha visibilizado. El Presidente se dio la pela para estar allí los dos días del rescate. Seguramente, así como los países víctimas de la narcoviolencia y narcoterrorismo, como Colombia, se convierten en asesores para otros países que apenas comienzan a vivir los horrores de la guerra, seguro que Chile va a ser el nuevo asesor mundial en emergencias mineras. Sobre el futuro de la mina, nada sabemos todavía.
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