sábado, 9 de octubre de 2010

Vargas Llosa

Hablar de que el Nobel le llega tarde a Vargas Llosa, o que se presumía que ya no le llegaba, o que la familia ya no tendrán que contestar la pregunta sobre cuando se lo van a otorgar no vale la pena y nunca la ha valido. Las cosas llegan cuando llegan. Y, con una organización tan fuerte, como puede ser la sueca, no vale la pena ni siquiera intentar averiguarlo.
No fue fácil haber comenzado a leer a Vargas Llosa en los ’80 con La Casa verde pues es una de sus novelas difíciles. Luego siguieron otras, también complicadas pero el autor ha manejado tan bien su técnica literaria que puede fluctuar entre lo muy difícil, para un lector atento y especializado, y la agradable novela que entretiene como la de la niña triste. Creo que los diferentes públicos lectores han encontrado en Vargas Llosa la novela que se ajuste a sus gustos e intereses literarios. Esta flexibilidad solo la puede lograr una persona que se ha podido dedicar toda su vida a la lectura, a la observación del mundo a su alrededor y la escritura. Quedamos pendientes de El sueño del celta que pronto se lanza.

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