lunes, 7 de septiembre de 2009

Escuchar y dialogar

En general, me gustan las columnas de William Ospina pero la de ayer, en El Espectador, no me fascinó porque no me pareción que tenía la fuerza de otras. Sin embargo, vale la pena comentar dos subtemas del artículo: Dice William que un buen maestro sabe escuchar. Yo estoy de acuerdo y siento que escuchar al otro es también detectar lo que no dice, indagar y descubrir, es decir, darle atención especial al estudiante y ayudarlo a crecer. No es fácil hacerlo, especialmente cuando el maestro, hoy, tiene clases muy grandes que no le permiten dedicarse a apoyar a los estudiantes, a oir sus historias, anhelos, sueños, a conversar. El maestro solo tiene tiempo para hablar, transmitir y medio corregir para cumplir fechas; algunos deben tomar dos y tres trabajos para redondearse; en general, el maestro tampoco tiene tiempo para estudiar y, por eso, repite sus clases año tras año. O, lo peor, a muchos no le interesa. Hay de todo.
También afirmaba nuestro escritor tolimense que aprendemos por el diálogo. Claro, el diálogo es la manera ancestral de aprender; desde siempre. Aprendemos, por ejemplo, si sabemos dialogar con el libro; si nos atrevemos a discentir, a proponer, a criticar, a aceptar críticas, a cultivar la curiosidad. Tampoco es fácil. No nos atrevemos mucho. Nos inhibe la autoridad, las situaciones nuevas.

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