Muchas personas seguramente han comenzado a rasgarse las vestiduras frente a los cambios en los formatos de los libros, frente a la cantidad de información disponible en la red que nos ha tocado presenciar, así sea como lectores índice, o lineales, es decir, los de antes.
Algunos ya comienzan a morir de pensar en que no pueden leer en pantalla; no se pueden concentrar o les duelen los ojos; en que necesitan tocar y oler el papel; en que el verdadero descanso lo sienten cuando están frente a los libros, a sus bibliotecas, a sus estantes de libros. Pues, así es para muchos. Pero, ¿no sería mejor pensar en cambiar, siquiera un poquito?
Las bibliotecas lo están haciendo. Están comenzando a pensar cómo sería la vida sin libros de papel.Y, en otros países, se están ajustando. Seguramente que nosotros nos demoraremos unos cuantos años porque, mientras en otros países, fácilmente aceptan los libros digitales, nosotros apenas comenzamos a publicar en papel. Miren solamente la cantidad de libros raros que han aparecido en Colombia, mandados a escribir por narcos, paras, exsecuestrados... En otras partes, algunas biliotecas están creando sus centros de aprendizaje digital; otras abren sus áreas de juegos, pues no se pueden ignorar. Otras, al lado de los espacios que exigen el silencio tradicional y reverencial de las bibliotecas, ponen a disposición sus cuartos ruidosos. Si, ahora, la información es tan grande que se hace necesario el trabajo en equipo, esos espacios van a apoyar la conversación, los proyectos de grupo, la discusión, a la manera del Twitter o los blogs, para conversar.
El sistema bibliotecario también cambia. Se crean bibliotecas en línea, y los bibliotecarios comienzan a pensar que las bibliotecas deben ser más que depósitos de libros. Deben fortalecerse como centros de encuentro de las comunidades. Es mas: los bibliotecarios se cambian de nombre. Ahora se llaman orientadores de la información.
Con todos estos cambios, a los que hay que darles la bienvenida, la biblioteca continuará siendo lo que es: un espacio abierto para que la gente encuentre la información que le va a ayudar a aprender; un lugar para compartir la información que recogen de las redes sociales, de las bases de datos, de los grupos de discusión; algunos son debates cívicos como el de No más Chavez, que se disparó en dos semanas; que se sigan interesanto por los blogs, mapas, videos y música.
En resumen, todo cambia y nada cambia. La bibiloteca seguirá siendo un centro de encuentro, con otra ventaja que se puede aprovechar: Si se puede acceder a la información que el mundo produce con tanta facilidad, desde cualquier lugar, tal vez la biblioteca se podría ocupar de cuanto no sea tan global; de cuanto sea propio de las comunidades: de lo relativo a la historia de los pueblos. ¿podría ser esta una ventaja para que le apuntemos a recuperar la historia, literatura, la cultura de nuestros pueblos?
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