Zahra Rahnavar, mujer iraní, de 64 años, artista, con dos maestrías y un doctorado en Ciencia Política de la Universidad de Teheran, y rectora de la Universidad femenina Al-Zahra por ocho años, desarrolló una importante campaña política en apoyo a la presidencia de Irán de su marido, Mir Hossein Moussavi, el candidato más opcionado. Sin embargo, la elección se perdió el viernes pasado por un supuesto fraude, a pesar de la gran acogida que tuvo su propuesta de cambio.
En estos años del gobierno del presidente Ahmadinejad las relaciones con el resto del mundo fueron complicadas por el programa nuclear que Irán ha desarrollado, así como por el ambiente de corrupción y el deterioro económico, derivados por el mal manejo de los precios del petróleo que condujeron, entre otras, a un desempleo del 30%. El descontento ha sido grande. A instancias de Rahnavard, las mujeres especialmente las más jóvenes, se vincularon activamente en las manifestaciones públicas. Cuarenta y dos de ellas se inscribieron para participar en el gobierno pero ninguna recibió aprobación para hacerlo.
Indiscutiblemente, el símbolo de esta elección fue Zahra Rahnavar, quien también es autora de quince libros sobre arte y política, investigadora del Corán y fue asesora política del presidente reformista iraní, Khatami. A pesar de la derrota de su marido, la actividad y la energía de Rahanavar sembraron una semilla importante y seguramente las posibilidades de expresarse que las mujeres iraníes lograron durante la campaña van a significar un cambio en muchos sectores. En un país donde es obligatorio para la mujer seguir un código de conducta y alejarse de la ‘vanidad occidental’, el ejemplo de esta mujer moderna, estudiosa, de avanzada, con ideas claras y, a la vez, respetuosa de la tradición, tendrá que traer nuevas ideas, especialmente entre los jóvenes.
Rahanavar combina el chador negro tradicional, con vestidos de colores, bufandas y pañoletas en colores fuertes o con flores. Le gusta la música rap y las carteras informales con diseños iraníes. Sus discursos tocaban con energía los derechos de la mujer y la necesidad de que ellas se arriesgaran y abandonaran la posición de docilidad, sometimiento y pasividad que han tenido que asumir, dentro del respeto por la revolución islámica de 1979. Cuando el actual presidente Ahmadineyad la acusó de haber falsificado sus títulos universitarios, ella invitó a la prensa doméstica e internacional a una conferencia en la que lo acusó de mentiroso, de humillar a las mujeres, de traicionar los principios de la revolución y le exigió disculpas por mentir.
Su carisma y el haberse atrevido a liderar la campaña de su marido, la han convertido en un ídolo en el país y entre los 34 millones de mujeres iraníes que históricamente han estado relegadas a ser ciudadanas de segunda. Ellas votaron, se destaparon la cara, se vistieron de verde, que era el símbolo de la campaña y comenzaron a expresarse en las plazas públicas con energía, en búsqueda de más libertad de expresión.
Se perdió la elección; se denuncian irregularidades y la tensión crece. No se sabe qué va a pasar, pero la participación de Rahnavar ha marcado un punto muy alto en la comunidad internacional, entre los intelectuales iraníes, las mujeres y los universitarios.
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