Las redes sociales han existido desde hace décadas, en entornos privados y específicos. Se creaban como grupos cerrados, fuertes, para unos pocos con intereses comunes. Hoy, con las posibilidades tecnológicas, estas rápidamente se han multiplicado por el mundo, han ampliado sus propósitos, algunas se han especializado y ofrecen atractivos especiales para los usuarios. Hay redes de familias que buscan parientes; se conforman grupos de amigos; los políticos hacen campaña a través de la red; las microempresas muestran sus productos; se opina sobre problemas específicos y la gente se adhiere a las páginas de su interés. Son abiertas, reciben mucha información y hay poca cohesión en ellas. Facebook es una de las más abiertas y populares en nuestro medio y en el mundo.
En esta época de acelerados desarrollos tecnológicos, pero también de creciente incomunicación, Facebook avanza en nuestro medio con sus posibilidades de conexión inmediata y variada que sorprenden y atraen. Como red social abierta, busca primordialmente rescatar y multiplicar amigos y conexiones. Su uso ha ejercido un cambio en la manera como la gente se relaciona con otros, en la forma como el lenguaje se usa y en el manejo de los asuntos privados de las personas.
Pero, con muy poco criterio se siguen directrices de la página, se divulgan direcciones y números de contacto y se aceptan conexiones a páginas desconocidas o falsas. Se utiliza sin mayores preocupaciones o con una idea no muy clara sobre el destino que toma la información que allí se registre; también se promueve que los usuarios registren información con fines de mercadeo. La gente comienza a enorgullecerse de contar con grandes cantidades de amigos y aceptan que su vida personal se divulgue entre los innumerables contactos personales, muchos de ellos, poco conocidos. A la vez, hay preocupación en el ambiente por la posible manipulación de información y la dificultad de ejercer control sobre la misma por parte de los administradores en un momento dado. Se previene a la gente también sobre las mafias del cibercrimen que ya causan daño en varios países.
Tal vez, valdría la pena pensarlo un poco antes de registrarse en una red tan abierta como Facebook y detenerse a definir el tipo de interés que motiva a cada quien cuando se une a ellas. Si es el intercambio de fotos, videos o música, por ejemplo, hay redes que cumplen cada uno de esos propósitos. Sería útil mirar estas páginas que tanto fascinan con una cierta distancia, criterio afinado y un poco de prudencia.
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