Dicen que uno es viejo a los 86 años. En Colombia, uno es viejo desde los cuarenta. O, mejor, aquí, uno es siempre viejo. Dicen también que los viejos no se ocupan del computador porque, a la mayoría no les interesa o no lo comprenden. Eso dicen. Otros piensan que los viejos no pueden con él y que se autoexcluyen porque les da miedo manipularlo.
Y, dicen muchas otras cosas sobre los viejos. Y, ¿Saramago? Tiene 86 años, una esposa de 36 que lo adora; además, no deja de escribir. Escribe todos los días. El computador se ha convertido para él en una herramienta imprescindible.
Acaba de publicar otro libro, usando el blog. Se llama El Cuaderno. El libro se vendió en la Feria de este año porque su traducción fue inmediata. La hizo su esposa española. De Agosto del 2008 a marzo pasado escribió todos los días; sobre cualquier tema que le interesara. Y, sigue escribiendo. Pero, además, en octubre publica otro libro.
Aún Colombia ha estado en su cabeza, pues en El Cuaderno escribió sobre su encuentro con Sigifredo López. Dos hombres, con una distancia enorme en años, el uno del otro, hicieron conexión un día maravilloso. El secuestro del joven los unió. El Ensayo sobre la ceguera del viejo los volvió amigos. A Sigifredo el libro de Saramago lo salvó. A Saramago le dio un sentido adicional a su vida.
Y es un viejo. Y es más joven que muchos de nosotros. Y escribe más que nosotros. Y, no vamos a poder leer su obra completa. Y tiene una vida más plena que la nuestra. Se la ha hecho él mismo.
Hoy, 31 de agosto, Saramago se despide de El Cuaderno. ¿Cómo puede hacernos eso? Si ya estábamos acostumbrados a leerlo diariamente, sin falta, durante muchos meses..Tocará, entonces, releer. Se fue a escribir otro libro. !No para!
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